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Mariana Manrique |
Muchas veces se ha marginado y tildado a las personas andinas como poco cultas, ignorantes y “analfabetas”, como si esta fuera una mala palabra, únicamente porque no dominan el sistema de comunicación alfabético: sonido + palabra = representación.
La cosmovisión del mundo andino es muy diferente a la cosmovisión del mundo occidental. Mientras el primero está familiarizado con la práctica de la oralidad, el segundo lo está con la escritura. A través de un estudio lingüístico realizado en comunidades de la sierra cusqueña, en el que participó el reconocido lingüista Eduardo Zapata y un equipo de profesionales quechua hablantes, se llegó a ciertas conclusiones que ameritan una reflexión, a tomar en cuenta, para la construcción de nuevos paradigmas. ( Entiéndase paradigmas como discursos que plantean nuevas formas de ver y expresar el mundo )
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Los comuneros, según se expresa en el libro “ La palabra permanente ”, de los lingüistas Eduardo Zapata y Juan Biondi, tienen una concepción y representación del mundo práctica y directa. Los discursos que utilizan para llegar y conectar con las audiencias son siempre cotidianos, próximos, y emotivos. Utilizan mucho el “ nosotros ”, la palabra “ hermanos ” y otras que denotan compromiso como: “ mi corazón está contento por la construcción del nuevo salón comunal ”. Ello, con la finalidad de activar el lazo afectivo.
Según lo expuesto, los discursos que empleemos para dirigirnos con eficiencia a las comunidades y causar los efectos deseados, deberán desarrollarse a partir de una introducción, a manera de enganche - “anclaje”- donde se persuada con las emociones para establecer un vínculo inicial y perdurable con el receptor - “audiencia”.
Estrechando lazos
Para quienes son ajenos a las costumbres y no comparten ni viven los códigos de la comunidad andina, es necesario se despojen de prejuicios y se acerquen con toda honestidad, si tienen intenciones de interactuar con esta cultura milenaria.
En caso se visite poblaciones andinas para iniciar proyectos conjuntos, en nombre de alguna empresa o asociación, es indispensable involucrar a las comunidades en las nuevas metas, hacerlos partícipes y demostrarles con hechos que lo que se dice se hace. Ellos no construyen sus discursos orales en paradigmas; referentes ausentes, sino, como lo explica el lingüista Zapata, en referentes sintagmáticos; aquellos que se pueden ver, tocar y sentir.
Para formalizar una comunicación eficiente es conveniente enumerar los hechos que se desean difundir, para posteriormente, sustentarlos y finalizar con un recuento de lo expresado a manera de conclusión. Si los hechos no son sustentados no serán creíbles y el mensaje se perderá.
Tomando en cuenta la necesidad de referentes palpables, es recomendable no utilizar escritura y trabajar con asociaciones gráficas locales. La comunicación más eficiente probablemente se dará a través de Talleres Participativos; espacios abiertos a la discusión reflexiva, y a la utilización de imágenes que representen sus experiencias socialmente aceptadas.
El respeto a las diferencias culturales, la tolerancia y la comunicación reforzarán los vínculos de un trabajo conjunto entre dos mundos alejados por la geografía pero unidos por metas de progreso y desarrollo común.
* Mariana Manrique es graduada en periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, con estudios de especialización en Comunicación Corporativa y amplia experiencia en prensa televisiva, escrita y marketing político. Integra desde marzo del 2006 el staff de Pacific Comunicación Estratégica como Consultora Senior.