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Ricardo Valcárcel |
Millones de estadounidenses afrontan la actual recesión con un cambio de hábitos. Limitan sus gastos con las tarjetas de crédito; planean viajes dentro de los EE.UU. y ya no al exterior; recortan gastos caseros en energía; cuidan personalmente su jardín; postergan reparaciones domésticas; solo utilizan el auto en viajes imprescindibles; y aprovechan más los cupones y promociones de los supermercados, entre otras tácticas personales.
Mientras, la recesión continúa desplegándose, siendo poco eficaces tanto las medidas de su gobierno, con un generoso paquete fiscal en un año de elecciones generales, como de su banco central, de bajar drásticamente las tasas de interés y de introducir formidables fondos al sistema bancario. Ya es claro que de la crisis financiera se ha pasado a la crisis económica.
Los graves problemas en el sector de créditos hipotecarios de viviendas se han esparcido a los de inmuebles comerciales, el sector automotor y las tarjetas de crédito. Pronto, el resto de sectores será contagiado, y posiblemente se experimentarán quiebras, adquisiciones y fusiones forzadas, así como el desempleo comenzará a crecer.
Por otro lado, la recesión de EE.UU. ya está impactando a varias economías de Europa, comenzando por Inglaterra. Además, va a tomar a algunos países, como España e Irlanda, con sus propias dificultades económicas. En general, la industria y el comercio europeo sufrirá la gran competencia de EE.UU. en el mercado internacional, que está favorecido por su dólar devaluado.
Asia puede convertirse en otra complicación, no obstante que seguirá creciendo fuertemente. En China, por ejemplo, hay un desasosiego social ante la brecha creciente entre estratos económicos, hay un aumento significativo de la inflación, enmascarada por el férreo control del gobierno, y tienen su mercado de acciones muy sobrevaluado.
Al Perú, ya le van llegando las primeras olas. La devaluación del dólar está afectando a las empresas exportadoras, especialmente a las mineras que son las principales contribuyentes y que, además, padecen por la reducción del precio de los metales. Lo concreto es que los resultados económicos, en el cuarto trimestre del 2007, de las compañías que cotizan en la bolsa de valores y que representan una buena muestra de la economía peruana, han sido muy deslucidos. Ello debería redundar en una contracción de los ingresos fiscales. ¿Los tributos adicionales por el mayor consumo interno que se advierte, podrán compensar esas pérdidas tributarias? De no ser así, el gobierno tendrá que tomar algunas medidas que pagaremos con la tuya y con la mía.